Todo comenzó a mediados del siglo pasado, cuando el aumento de la esperanza de vida y las altas tasas de fecundidad incrementaron el segmento de la fuerza productiva, aquella del grupo de 20 a 39 años. Surgió entonces un fenómeno llamado bono demográfico, por el cual el volumen de la población en edad de trabajar es mayor al de la gente dependiente (niños y ancianos). Y el efecto fue uno solo: sociedades latinoamericanas cada vez más jóvenes.
Pero, con la llegada de los anticonceptivos, entre otras cosas, las tasas de fecundidad y de mortalidad cambiaron. No así la expectativa de vida, que sigue en aumento. Lo que se traducirá en una población que se envejece con pocos hijos.
De hecho, en el 2023, los menores de 20 años dejarán de ser los más importantes en términos demográficos, pues ese cambio radical en la estructura de edades seguirá pronunciándose, según las proyecciones del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa).
En el 2052, el grupo de los mayores de 60 años será el más grande y el único que va a estar creciendo. Y se perderán más de 100 millones de personas en la que es considerada la edad productiva.
¿Y entonces?
Seremos más los viejos. Esta situación plantea, por supuesto, innumerables retos y oportunidades que los países latinoamericanos y del Caribe están en camino de resolver para proyectar sociedades más saludables, mejor protegidas y más preparadas para un panorama laboral diferente, afirma Pablo Salazar, asesor técnico regional de población y desarrollo para América Latina y el Caribe del Unfpa.
La buena noticia, dice el experto, es que ya hay una hoja de ruta para ese cambio en la forma como los Estados plantean sus políticas públicas. Se trata del Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo, aprobado por los representantes oficiales de 38 países en agosto del 2013.
En esencia, sus acuerdos trazan un mapa para el diseño de políticas públicas hacia el futuro en la región. Dicho pacto, valga decir, va de la mano con la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. Y en él y por él, los países de la región se comprometieron a tomar decisiones en materia de desarrollo económico y humano, derechos humanos, respeto del medio ambiente, salud sexual y reproductiva; niñez, adolescencia y juventud; igualdad de género, migración internacional; desigualdad, inclusión de pueblos indígenas y población afrodescendiente. Y, claro, envejecimiento de la población.
De hecho, al cierre de la Tercera Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe, realizada del 7 al 9 de agosto en Lima (Perú), Mario Cimoli, secretario ejecutivo adjunto de la Cepal, subrayó que “veintitrés países han dado cuenta de los avances realizados en los distintos ámbitos temáticos del Consenso. Y si bien los informes revelan avances importantes, persiste una gran heterogeneidad entre los países y dentro de ellos”.
En la capital peruana se presentaron los informes, país a país, de lo que se ha hecho para redundar en el bienestar futuro de unas 650 millones de personas, especialmente de aquellas en condiciones de mayor rezago y vulnerabilidad social.
“Nuestra responsabilidad moral, capturada en el núcleo del Consenso de Montevideo, es no dejar a nadie atrás, y para lograrlo primero debemos llegar más lejos. Las personas lo exigen, tienen derecho a él, el desarrollo sostenible depende de él”, manifestó, por su parte, Dereje Wordofa, director ejecutivo adjunto de Unfpa.
“Las personas lo exigen, tienen derecho a él, el desarrollo sostenible depende de él”
FUENTE: EL TIEMPO














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