El país ya está inmerso desde hace un mes en un movimiento de protesta que denuncia el marasmo económico, la escasez crónica de electricidad, el desempleo y la negligencia de la clase política, en momentos en que la sequía redujo los ingresos agrícolas a casi nada.
Pero, ahora se prepara para lidiar con un golpe aún más duro para su economía, exhausta por el esfuerzo de guerra contra los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI) y la corrupción: la pérdida de su segundo importador, Irán.
Las importaciones de productos terminados, pagadas en dólares, ya cesaron, como se comprometió el primer ministro iraquí Haider al Abadi.
Irak, dicen los comerciantes, funcionarios y los consumidores, no puede permitirse agravar su crisis social y económica.
Una nueva ola de trabajadores que podría asestar un golpe adicional al mercado laboral iraquí, devastado. La tasa de desempleo oficial es superior al 10% y casi el doble entre los jóvenes.
Fuente: Globovisión/ AFP/ JMMR














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