Pero ese vínculo fue el medio del cura para “ganar confianza”. Comenzó con unas cosquillas que VanSickle lo evitaba, salidas al cine, la mano del cura en la pierna… Luego el sacerdote introdujo alcohol a la relación que continuó con largas caminatas y sesiones de lucha libre frente al altar, por ejemplo. “Siempre buscaba el contacto físico”. Veía al sacerdote, confiaba en él, dice el joven en una entrevista al diario estadounidense The Washington Post y recogida por el portal Infobae.
Antes de la graduación, el sacerdote fue con el adolescente al santuario de Nuestra Señora de Fátima en Ohio. En el hotel, el estudiante cuenta que el religioso saltó sobre él y lo apartó. Poulson se fue al baño y cuando salió tenía “su pene erecto fuera de su ropa”, entonces el cura lo atacó. “Por primera vez sentí terror y miedo por el hecho de que parecía que él tuviera ocho o nueve brazos contra los dos que yo tenía para sacarlo de encima”, relata.
El joven dice que pudo luchar contra él; recuerda que salieron del lugar y su memoria quedó en blanco. “Él nunca se disculpó y nunca discutimos”. Guardó silencio, al año tuvo valor para contar a su padre y diez años después a su madre, dice VanSickle, ahora con 55 años, quien documentó su caso en Facebook.
El caso del joven es uno de los más de mil menores, algunos de 7 años, que fueron víctimas de abuso sexual por más de 300 llamados “curas depredadores” en 54 de los 67 condados en Pensilvania, según una investigación que destapó otro escándalo, como el registrado en 2002, en Boston.
Podrían ser miles las víctimas, según el informe.
En la diócesis de Erie un sacerdote confesó haber cometido en los años ochenta violaciones anales y orales a al menos 15 chicos, uno de ellos de solo 7 años. Cuando se reunió con el depredador sexual, el obispo de la diócesis lo elogió por ser una “persona cándida y sincera” y por los “avances” logrados en controlar su ‘adicción’, publicó elpais.com.
Entre otros crudos ejemplos, el informe refiere el caso de otro sacerdote que supuestamente abusó de cinco hermanas de una sola familia; otra víctima fue atada y azotada con correas de cuero; otra murió por tomar una sobredosis de analgésicos para curar una lesión que tuvo tras sufrir un ataque particularmente violento; un religioso que masturbó a un joven para enseñar a la víctima cómo detectar posible signos del cáncer, caso que era parte de una lista de 41 posible víctimas de “la revisión de cáncer”.
Con información de AFP














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