El supervisor de las excavaciones de la Universidad de Arizona, David Soren, narró que el infante tenía una piedra en la boca, una práctica fúnebre que se utilizaba para que los muertos no revivieran.
“Nunca había visto nada igual. Es extremadamente espeluznante y raro”, manifestó Soren, quien trabajó en la zona durante tres décadas.
Fuente: Globovisión/DASG














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