Los científicos han defendido durante décadas que el cerebro no reproduce exactamente lo que los ojos ven o lo que los oídos escuchan, si no que en ese proceso de pensamiento existe una gran cantidad de ruido, es decir, fluctuaciones de actividad eléctrica que surgen de la ambigüedad y la incertidumbre de ciertas situaciones.
Esta incertidumbre también sale a la luz en las interacciones sociales con otras personas cuando, por ejemplo, se trata de interpretar las emociones de la gente.
Fuente: Globovisión/DASG














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