Ese pasajero o pasajera tuvo temple para sacar su teléfono celular, con el fuego enfrente, e inmortalizar la tragedia. Con una estremecedora banda sonora: los desgarradores gritos de las personas atrapadas en ese aparato.
Aunque la noticia no habría que buscarla a estas alturas en la existencia de ese video viral filmado por uno de los pasajeros (se presume que sobrevivió) antes de que las llamas devoraran el avión.
Lo extraño, vistos los antecedentes por hechos similares en las redes sociales, es que no estén apareciendo más imágenes similares de ese infierno filmadas por otros pasajeros, apunta Ferran Lalueza, profesor de Comunicación y Social Media de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigador de GAME.
“Vivimos en un mundo que ya no reflexiona sobre la conveniencia de sacar o no el teléfono para grabar”
"Esto es un círculo vicioso –añade Lalueza–, la difusión reiterada de este tipo de imágenes nos ha insensibilizado hasta tal punto que ya no nos planteamos objeciones morales, ni legales ni de mero sentido común a la hora de captarlas y compartirlas, lo cual a su vez contribuye a incrementar dicha insensibilización”.
La existencia de esas imágenes es, con toda seguridad, un duro golpe para los familiares de las 41 víctimas mortales de ese accidente. No necesitan ver un video ni escuchar esos gritos para imaginar cómo fue el final de sus seres queridos.
Esta es una guerra que muchos dan por perdida en esta sociedad de la tecnología. Ferran Lalueza apunta: “Inmersos como estamos en una cultura de la inmediatez y la ubicuidad, no hay una reflexión previa sobre la conveniencia o no de capturar esas imágenes, o sobre el uso que les terminaremos dando, o sobre el costo de oportunidad que conlleva estar pendientes del móvil en lugar de preocuparnos por nuestra propia seguridad o la de otros”.
Este experto en comunicación estima que en pocos años "hemos interiorizado este comportamiento hasta convertirlo en algo meramente instintivo y alejado de toda lógica racional”.
La Cruz Roja holandesa ha sido pionera en tomar cartas en este asunto. Han lanzado una campaña que reza: “No filmes, ayuda”. Va dirigida a las personas que contemplan un accidente y, en lugar de llamar a emergencias, usan sus teléfonos para grabarlo todo y colgar las imágenes en las redes. Reseñó Clarín.














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