Después pasó tres años en prisión por violación, cargo del que se declara inocente. Describe su reclusión como una experiencia maravillosa en la que tuvo tiempo para leer (Los hermanos Karamazov, de Dostoievski, por ejemplo) sin que le molestaran.
A su salida de la cárcel le esperaba una cuenta corriente con 400 millones de dólares. Se lo gastó todo, entre otras cosas en drogas, y terminó con una deuda de 60 millones, reseñó El País.
Le arrancó un trozo de oreja a su rival Evander Holyfield. Ha tenido ocho hijos y muchas palomas, a las que da de beber agua Fiji. Llegó a poseer varios tigres, de los que tuvo que desprenderse porque le arrancaron el brazo a un ladrón que entró en su casa.
Se reinventó como actor y participó en éxitos como Resacón en Las Vegas. Su autobiografía le convirtió en un escritor superventas. Luego se hizo monologuista; creó su propia serie de dibujos animados, Mike Tyson mysteries, y ahora ha vuelto a reinventarse como empresario de la marihuana.
Su vida no tiene sentido si se piensa en una existencia humana común y corriente. Pero sí lo tiene si se la compara con la de Hércules, el héroe mitológico que tuvo que realizar 12 trabajos como castigo por sus pecados.
Los héroes de la antigua Grecia eran poderosos, pero también imperfectos: Hércules se cargó a su familia en un ataque de ira. Pero Tyson, que está estudiando mitología, se reconoce más en Aquiles: un héroe invencible si no fuera por el talón, su único punto débil.
El boxeador divide su tiempo entre Newport Beach y Las Vegas. Lleva una existencia apacible en familia junto a su esposa, Kiki, y sus dos hijos pequeños, una niña llamada Milan y un niño, Morocco. Reconoce que su esposa le ha salvado la vida, tanto en lo emocional como en lo financiero.
El peso de Kiki Tyson en las nuevas empresas de Mike es enorme, gestiona muy de cerca sus múltiples proyectos. Le hace cumplir con el calendario. También es quien sabe calmarle cuando se enfada.
Su nueva empresa, Tyson Ranch, se encuentra en una amplia oficina cercana al aeropuerto de Los Ángeles. Ahí graba también Hotboxin, un podorcast con invitados ilustres como Tyson Fury o Snoop Dogg.
Al llegar para la sesión de fotos, días después de la muerte de Kobe Bryant y a falta aún de un mes para que EEUU entre en confinamiento por la pandemia de la COVID-19, nos encontramos con una moto y una mesa de billar presidiendo la estancia. El ambiente es relajado. Estamos en una empresa de marihuana de California, no lo olvide.
Terminada la sesión de fotos, Kiki Tyson me invita a acompañarles a su casa de Newport Beach para hacer la entrevista. Paso la garita de seguridad, subo la carretera de la urbanización y llego a una casa con vistas al Océano Pacífico. Mike me espera en el sofá: su voz es suave y aguda, a veces difícil de entender.
Mezcla las referencias del mundo del boxeo y de una dura infancia con un vocabulario propio de un hombre leído. Su forma de hablar es única. Parece más tranquilo que en el pasado, pero aún sabe convocar su célebre intensidad. Sigue siendo un luchador, solo que ahora su lucha es otra.
Fuente: El País














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