La llamada fue a la 1:34 a.m. El presidente haitiano, Jovenel Moïse, que estaba en la otra línea, estaba en dificultades y necesitaba refuerzos.
“Están disparando junto a la casa”, dijo al jefe de la Policía Nacional de Haití. “Movilice a la gente”.
Los disparos ininterrumpidos de armas automáticas en Pelerin 5, donde vivían Moïse, su esposa Martine y sus dos hijos, comenzaron alrededor de la 1:30 a.m., según una vecina de la zona, quien dijo que se metió debajo de su cama para escapar mientras miraba su teléfono para ver qué hora era.
Mientras los vecinos de la zona no sabían qué ocurría, asaltantes desconocidos que más tarde afirmarían ser parte de la DEA de Estados Unidos —afirmación desmentida por la agencia federal— avanzaban y se dirigían a la residencia privada del presidente en las faldas de las montañas que rodean la capital de Haití. Ya en la habitación del presidente, abrieron fuego. Lo balearon en la frente, el pecho, la cadera y el estómago, y le arrancaron el ojo izquierdo, según Charles Henry Destin, un juez de paz que posteriormente documentó la escena del crimen.
La agresión mortal se produjo tras 10 minutos de frenéticas súplicas. Sin rastro de sus fuerzas de seguridad, Moïse, de 53 años, hizo otra llamada, esta vez a un oficial de la Policía Nacional de Haití con formación táctica.
“¿Dónde está?”, dijo Moïse, llamando al oficial por su nombre: “Señor Presidente”.
“¡Necesito su ayuda, ahora!” dijo Moïse. “Mi vida está en peligro. Venga rápido; venga a salvarme”.
Antes que la llamada terminara, se hizo el silencio. Luego se escuchó el ruido de un fusil tipo militar. Negándose a aceptar lo que era inevitable, el agente —que pidió no ser identificado en una entrevista con el Miami Herald— gritó a sus compañeros: “Todos a sus autos, Tenemos que irnos ya”.
El convoy de tres vehículos se dirigía a Pelerin 5, el barrio de casas modestas, carreteras sin asfaltar y mansiones de un millón de dólares en el que vivía Moïse.
Lo que siguió en las horas posteriores fue la persecución policial de varios miembros de las fuerzas especiales colombianas y de dos haitianoamericanos del sur de la Florida, con luces largas y unidades especializadas de la Policía Nacional de Haití a lo largo de una carretera muy transitada. La feroz persecución comenzó en la carretera principal que conduce a la residencia de Moïse. Posteriormente, se extendió a los barrios pobres cercanos, a un edificio abandonado detrás de una estación de policía y a la embajada de Taiwann, donde arrestaron a 11 de los presuntos comandos.
Fuente: El Nuevo Herald














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