Las obras se financiarán gracias a un crédito de 25.000 millones de dólares que efectuará Rusia al Gobierno egipcio, y que éste deberá devolver a plazos a partir de 2029 con un tipo de interés que ronda el 3%. El coste total del proyecto asciende a unos 30.000 millones de dólares. La central contará con cuatro unidades capaces de producir unos 1.200 megavatios cada uno, y su inauguración está prevista para 2024. Sin embargo, Putin no realizó durante su viaje el otro anuncio esperado por las autoridades egipcias: la restauración de los vuelos entre ambos países cancelados a raíz del siniestro de un avión civil ruso a finales del 2015 en el Sinaí, reivindicado por la filial local del ISIS.
Aunque la palabra “nuclear” siempre suscita recelos en Oriente Medio, donde el conflicto por el programa nuclear iraní permanece mal cerrado, la aspiración egipcia no es percibida como un peligro en Washington. “El plan ruso-egipcio de construir una planta nuclear no representa una gran preocupación para EE UU. Sobre todo, porque no parece que Egipto quiera intentar, o sea capaz, de desarrollar un programa atómico con fines militares serio”, explica a través de un correo electrónico Michele Dunne, directora del programa de Oriente Medio del think tank estadounidense Carnegie Endowment for International Peace. Aunque se ha filtrado la voluntad egipcia de enriquecer uranio en la central Rusia no habría accedido a tal petición.
EL PAIS














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