Aun así, el año pasado se aplicaron un 4% menos de penas capitales que en 2016 y un 39% menos que en 2015, cuando estas ascendieron a 1.634, la cifra más alta desde 1989.
Los métodos utilizados fueron la decapitación, el ahorcamiento, la inyección letal, la muerte por arma de fuego.
Los nuevos condenados también descendieron de 3.117 en 2016 a 2.591 en 2017. A fin de año, había un total de 21.919 personas en el corredor de la muerte.
Si se excluye a China, las naciones que más dictaron este tipo de sentencias el año pasado fueron Nigeria (621), Egipto (402), Bangladesh (273) y Sri Lanka (218).
Dejando de lado también al gigante asiático, el 78% de las ejecuciones registradas se concentró en sólo tres países.
Estos son los cuatro países donde más presos murieron ejecutados en 2017.















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