El robot Beam no tiene la apariencia de un aparato futurista, está compuesto simplemente de una base rodante, dos barras de metal que forman su torso y una cabeza en forma de pantalla. Pero su ventaja es su libertad de movimiento.
Alyssia lo maneja a distancia y va a donde quiere a través de él. Puede “cenar” con su familia, estar con su hermana en su habitación o en el salón durante reuniones familiares. Todo eso desde el hospital.
La madre de Alyssia, Annick Plaza, se entusiasma: “No me gusta dejarla sola en el hospital, así que poder verla, incluso a través de este robot, me ayuda muchísimo”, cuenta.
Fue esta necesidad la que convenció a la Asociación filantrópica de padres de niños con leucemia (Appel) y al Instituto de Hematología y Oncología Pediátrica de Lyon (IHOPe), en Francia, sobre las virtudes de Beam. Desde hace un año y medio prueban seis de estos robots.
En el centro este de Francia, la región Auvergne-Rhône-Alpes los utiliza en cambio desde hace cuatro años para ayudar a que niños que no pueden ir físicamente a la escuela pueden estar presentes en las aulas a través de estos robots.
EL UNIVERSO














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