En un estudio publicado este miércoles, Sanidad Pública de Francia estima que la COVID-19 causó en esos tres meses la muerte "directa o indirectamente" de entre 25.000 y 30.000 personas, una horquilla que pone en evidencia las incertidumbres que persisten, reseñó EFE.
Para poder afinar habrá que esperar varios meses, por lo menos a finales de año, que es el tiempo necesario para analizar las actas de defunción.
Esa horquilla hay que relacionarla sobre todo con las 29.200 muertes que las autoridades sanitarias han atribuido hasta ahora en ese periodo a la epidemia en los hospitales y en las residencias.
Entre marzo y mayo fallecieron en total 175.800 personas en el país, lo que significa 25.030 más de las que se hubieran podido esperar a partir de las cifras de los años anteriores, un incremento del 16,6 %.
La crisis generada por la COVID-19 provocó decesos por la enfermedad pero también otros asociados; por ejemplo de pacientes que, en un contexto de ansiedad, tardaron en consultar con un médico o en acudir a un hospital.
Al mismo tiempo hubo menos muertes debido al confinamiento (en particular entre la población más joven), que se tradujo en menos accidentes en los desplazamientos, en ciertas actividades profesionales o por la contaminación atmosférica.
En los tres meses del estudio, el incremento de la mortalidad respecto a lo que se podía esperar fue marcado en el grupo de los mayores de 65 años (+18,2 %), que supusieron un 93% del total.
Esa progresión fue del 7% para los que tenían entre 15 y 64 años, a causa esencialmente de la franja de 45 a 64 años. Por el contrario, hubo un descenso de muertes del 14% para los niños y adolescentes de hasta 15 años.
Con los datos oficiales, Francia es el sexto país de Europa con mayor número de muertos por coronavirus por cada 100.000 habitantes con 44,5, por detrás de Bélgica (85,2), Reino Unido (65,3), España (60,7), Italia (57,4) y Suecia (51,9).
Fuente: EFE














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