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Los comercios de los barrios de Argentina comienzan a sentir los embates de la crisis. A los negocios de venta minorista los enfrenta un enemigo con tres caras: el incremento de sus propias tarifas de servicios públicos y las subas de los precios al por mayor, la caída del consumo y, en algunos casos, el pago de los aumentos salariales acordadas hace un mes. Por eso se han puesto a agudizar el ingenio, al igual que sus clientes, para llegar a fin de mes sin perder demasiado dinero.
La carne figura entre los productos que más se encarecieron en los últimos meses, al punto que un informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra) estableció que su consumo cayó al nivel más bajo en 4 años. En el primer cuatrimestre de 2016 el retroceso es de 5,2% si se lo compara con el mismo período del año anterior. En los primeros 4 meses del año se consumieron 56,2 kilos por habitante mientras que entre enero y abril del año pasado la marca fue de 59,4 kilos.
Según Ciccra, la mayoría de los cortes registró aumentos que oscilan entre el 1% a 5,5% aunque existen seis cortes populares que se han mantenido. “La gente está comprando menos, lo necesario para el día, y se lleva cortes más económicos. Antes se llevaba peceto para el estofado y ahora lo hace con roast beef o paleta que son más económicos”, indicó Alberto Williams, vicepresidente de la Asociación de Propietarios de Carnicerías de la Capital Federal.
Pero el ingenio argentino siempre encuentra una salida. Las cadena de supermercados Supermax ofrece pequeños cortes de carne que no superan los 100 gramos, en un país en el que para calcular una comida se estima un mínimo de 500 gramos por persona.















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