La realidad es que el aire ya no es nada seguro, y según los datos de la Organización Mundial de la Salud (ONU), el 90 % de las personas a nivel mundial respiran aire contaminado. Este enemigo silencioso cobra 7 millones de vidas cada año, que mueren por exposición a la contaminación.
El aire contaminado causó 4,2 millones muertes en 2016, mientras que los gases expulsados por las cocinas caseras que utilizan carbón u otros combustibles fósiles provocaron 3,8 millones.
¿Quiénes se llevan la peor parte?
Para el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los más afectados –aunque suene repetitivo- serán los más pobres.
Según el estudio de la OMS, unas 3000 millones de personas, todavía no tiene acceso a cocinas que utilizan energías limpias. Aquí salta la cocina como uno de los focos de contaminación doméstica.
Las consecuencias de vivir en un medio lleno de contaminantes se presentan paulatinamente. Sin embargo, reducir los niveles de polución puede disminuir también los casos de infarto cerebral, enfermedades cardíacas y enfermedades respiratorias como el asma, incluso el cáncer de pulmón.
Kristhel Merchán
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