Esto es, en síntesis, la conmovedora historia de una pareja en el estado de Iowa, Estados Unidos, que transformó la tragedia personal en virtud, cuando en la década de 1980, perdieron sus dos bebés, ambos nacidos en Día de las Madres con un año de diferencia. La primera nació tres meses prematura y pesaba menos de una libra. Esta no logró pasar del día de nacida.
Un año después, la muerte volvió a mostrarse implacable. Su segundo hijo, también prematuro, falleció tres días después de venir al mundo.
En el mes de abril, Deb arrulló nuevamente a una criatura en su regazo, su centésimo (número 100) hijo adoptivo. El Departamento de Servicios Humanos de Iowa afirma que se trata de un hito sin precedentes, pues las familias adoptivas típicamente acogen en su hogar un menor a la vez.
“Los bebés generalmente están con ellos por poco tiempo, ya sea porque se dirigen a un hogar crianza o adoptivo a largo plazo, o porque regresan (al cuidado de) a sus padres biológicos o familiares”, señalan medios de la comunidad los cuales le hicieron un trabajo especial a la pareja.
Durante más de dos décadas, la pareja ha pertenecido al sistema de acogida temporal de menores voluntariamente. El único reembolso fue para costear pañales y leche de fórmula, dijo la mujer a ese periódico. Son gente pudiente, lo cual le ha permitido a ella quedarse en casa para cuidar a los pequeños que han hallado en su hogar un nicho de comprensión y amor.
La historia narrada con emotivos detalles por el redactor del reportaje, recoge los problemas de infertilidad que afrontaron los Schuring antes de perder a sus bebés y cómo fueron sanando esas heridas amparando a otros niños en su desarrollo.
Fuente: Globovisión/ El Nuevo Herald/ Kike Frias














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