Eran las 9 am hora local y ambos estaban en la tumultuosa sala de emergencias esperando que alguien los atendiera.
Por tercera vez, Meca iba a ese centro de salud en menos de 72 horas. El viernes 27, se acercó para hacerse la prueba de hisopado. Sospechaba que había contraído el virus durante su trabajo como miembro de la comisaría de La Victoria. Una fuerte tos era su principal síntoma. El sábado, tuvo que volver porque le indicaron que le habían hecho mal el despistaje, reseñó El Comercio.
Pasaban las horas de ese domingo y nadie atendía al suboficial. “Me acerqué donde un doctor para reclamarle por lo que ocurría y me dijo que por favor los entendiera”, contó Rubí.
El médico le había dicho que sabía por lo que estaba pasando, pero que no contaban con el equipo de protección para atender a su pareja. La orden era que Meca debía ser hospitalizado. Sin embargo, no había camillas disponibles.
Rubí, desesperada, llevó a su novio a una clínica en Independencia. Allí le dijeron que tenía un cuadro severo de neumonía y que lo mejor sería que lo regresaran al hospital.
Pasadas las 10 p.m., una ambulancia particular los trajo de vuelta. Meca fue llevado a una sala que días atrás servía como lugar de espera para los visitantes, pero que, ante la emergencia, fue acondicionada para atender a pacientes confirmados o con sospecha de coronavirus. Al agente le dieron oxígeno para que pudiera respirar.
El 31 de marzo, a las 7:20 a.m., salió el resultado de la prueba: positivo para COVID-19. Seis horas después, falleció como consecuencia de la infección, aunque Rubí dice que esto pasó por falta de atención inmediata. Meca tenía 35 años.
“Es muy frustrante”
Lo ocurrido con este agente ejemplifica la lucha desigual del personal de salud de este hospital contra la pandemia. A raíz del desorden y la falta de equipos de seguridad, la jornada laboral pone en riesgo sus vidas y de todo aquel que acuda al recinto para atenderse.
“Están cometiendo un asesinato con nosotros”, nos dijo un médico con varios años de servicio en este centro de salud, que accedió a conversar bajo la condición de anonimato.
“No tenemos los medios de protección para atender a los policías que vienen graves. Eso es muy frustrante. Queremos atenderlos, pero no tenemos cómo hacerlo sin contagiarnos”, añadió.
Un equipo del medio local Diario recorrió los pasillos y las salas del hospital policial y conversó con sus trabajadores. En ellos se percibe el miedo de contraer el virus debido a la falta de implementos tan elementales como mascarillas y lentes, hasta los trajes de bioseguridad para examinar a los infectados.
“Ya se acabó el gel”, “faltan guantes estériles” ,“¿a alguien le sobra un gorro?”, “tenemos un paciente sospechoso pero no sabemos dónde ponerlo”... Estas son algunas de las frases que se escuchaban dentro.
“Hay tanto desorden en el hospital por la falta de triaje adecuado, que los pacientes se mezclan en la sala de emergencias. Los sospechosos de tener COVID-19 se mezclan con pacientes que van por una diabetes o por una hipertensión”, nos confesó otra doctora que prefirió mantener su nombre en reserva.
Un caso que grafica el caos que allí se vive es el de un brigadier PNP de iniciales J.L. La noche del 26 de marzo, ingresó a emergencias por una dificultad respiratoria.
No dijo que dos días atrás se había hecho la prueba del hisopado. Un médico que solo estaba protegido con un mandil, guantes y gorro, le realizó las evaluaciones. Al día siguiente, el resultado del examen salió positivo y el personal que lo atendió debió pasar por despistaje.
Fuente: Globovisión /ElComercio/GM














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