Unas 1.200 personas podrán en las próximas horas descender de esa embarcación y del Rotterdam, el buque que asistió al Zaandam en Panamá con suministros y personal médico, reseña El País.
Unos 20 días le llevó al Zaandam encontrar un país que le abriera las puertas en medio de la crisis global por el coronavirus. Con más de 1.800 pasajeros a bordo, el buque que partió de Buenos Aires, en Argentina, intentó cancelar el viaje por primera vez el 14 de marzo, en Punta Arenas, Chile.
Sin embargo, la madrugada del lunes, cuando el crucero tocó las aguas del Mar Caribe, la compañía dueña del buque admitió que no estaba claro si obtendrían finalmente la autorización para desembarcar.
El panorama de los viajeros que provengan de otros países, aún es incierto. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había asegurado esta semana que ayudará a repatriar a los británicos y canadienses, pero no está claro qué pasará con los latinoamericanos.
Más incierto aún es lo que pasará con los más de 1.100 trabajadores que hay en los dos buques. Un tripulante del Zaandam contaba a este diario el domingo pasado que ha sido una experiencia para recordar “por el resto de la vida”. La respuesta llegó pocas horas después. “Ningún miembro de la tripulación descenderá en Fort Lauderdale”, decía el comunicado oficial sin detallar dónde ni cuándo podrá finalmente bajar la tripulación.














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