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5 may 2016

Científicos tratarán de resucitar 20 cerebros clínicamente muertos

Bioquark, una empresa estadounidense, ha recibido el permiso para llevar a cabo un experimento pionero y un poco inquietante: revivir cerebros cínicamente muertos. ¿Alguién dijo zombies?
El concepto de muerte cerebral es relativamente nuevo para la ciencia De hecho no se formuló hasta 1968. Generalmente, el cerebro muere porque antes fallan otros órganos. Sin embargo, en algunos casos, el cerebro sufre daños tan masivos que su actividad cesa completamente, pero el resto del cuerpo permanece vivo gracias a que la actividad cardíaca y respiratoria recibe soporte artificial externo.

Generalmente, cuando se produce una muerte cerebral los medicos lo comunican a los familiares y proceden a desconectar el resto del cuerpo de las máquinas que lo mantienen en funcionamiento. La muerte cerebral es irreversible pero en Bioquark creen que no tiene por qué ser así. Algunas especies de peces y anfibios como las salamandras son capaces de regenerar partes del cerebro después de sufrir daño cerebral crítico. Los seres humanos no tenemos esa capacidad, pero en los pacientes con daño cerebral sí se ha llegado a registrar actividad eléctrica residual. El experimento, apropiadamente bautizado como The ReAnima Project, trata de averiguar si esa actividad podría elevarse mediante un combinado de fármacos y terapias de neuroestimulación
Las pruebas se llevarán a cano en el Hospital Anupam de la localidad india de Radrapur después de que un comité de expertos estadounidense e Indio haya autorizado la investigación. En las próximas semanas, 20 pacientes en estado de muerte cerebral serán seleccionados con el permiso de sus familias. Los pacientes se someterán a una terapia que incluye inyectar en el cerebro un cóctel de péptidos y células madre al mismo tiempo que se aplican diferentes métodos de estimulación nerviosa y se monitoriza su actividad.
Bioquark ya deja claro que no espera devolver a la vida a ninguno de estos pacientes cerebralmente muertos. Sin embargo, la prueba podría abrir la puerta a un montón de nuevas terapias para regenerar daños cerebrales en pacientes que sí están vivos, pero en coma, así como en el tratamiento de múltiples enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Párkinson. Tan solo cabe esperar que ninguno de estos 20 pacientes despierte con hambre de cerebros con los que mantener su recién retomada actividad.

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