Tomó sus patas, las pasó por un calco y llevó el papel a un tatuador. Luego de una hora, Smith pudo lucir el tatuaje en su escote, el único lugar de su cuerpo donde le cabía una copia exacta de las patas del perro, según declaraciones que recoge Daily Mail.
Sin embargo, lo que partió como un gesto de amor, fue lentamente transformándose en una pesadilla. “Fui a la universidad y todos notaban mi tatuaje, lo que me encantaba. Siempre mostraba mis pechos y mi tatuaje, pero empecé a recibir comentarios negativos”, señaló.
“No he tenido una relación de verdad desde hace diez años”, aseguró la mujer.
“Las personas no me miran o no quieren hablar conmigo y es todo sobre mis pechos. El tatuaje era algo para recordar a Max, pero siempre que me miro más que pensar en él, pienso en el error que cometí”, reveló.
La mujer espera someterse a un tratamiento que demora 18 meses en eliminar los tatuajes.
Fuente: 24Horas.cl














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