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5 abr 2021

Cómo logró Estados Unidos acelerar su campaña de vacunación masiva

Vacunación en EEUU
Vacunación en EEUU - AP
En centros médicos y hospitales, en farmacias, en colegios y hasta en campos de béisbol, de lunes a domingo y en fiestas de guardar, la campaña de vacunación en Estados Unidos ha acelerado hasta administrar cerca de tres millones de inyecciones diarias. Desde que comenzó en diciembre, 101,8 millones de personas (el 30% de la población) han recibido al menos una dosis y, de estas, casi 58 millones se encuentran ya completamente vacunadas. Menudean las noticias de Estados que amplían el abanico de ciudadanos que pueden optar a la inoculación, reforzando esta sensación de que, por fin, cambia el paso en esta larga y penosa crisis: Nueva York comenzó con los treintañeros la semana pasada y lo hará con los mayores de 16 a partir de este martes; Texas ya ha ampliado la cobertura para cualquier adulto y la mayoría de los Estados lo hará antes de que acabe abril.

“No conozco a ningún experto en medicina, virología o vacunas que hubiese podido predecir que, en un solo año, tendríamos tres vacunas efectivas y ya habría cientos de millones de personas vacunadas en el país. Es algo milagroso y sorprendente”, explica por teléfono el doctor Robert Wachter, jefe del departamento de Medicina de la Universidad de California, reseñó la agencia de noticias El País.

Estados Unidos, que fracasó en la contención del virus y ha rebasado ya la cifra de 550.000 fallecidos, sí ha hecho una demostración de poderío científico y económico en la carrera de las vacunas. En las claves del —hoy por hoy— éxito se combinan factores múltiples y diversos, que van desde la inyección multimillonaria del Gobierno federal, que se atrevió a compartir los riesgos con la industria farmacéutica, hasta una ley que permite la intervención en la producción de las fábricas que data de la Guerra de Corea, pasando por alianzas contra natura de empresas rivales. E incluyendo algunas contribuciones individuales tan made in USA como la de la estrella del country Dolly Parton y, dicho sea de paso, una guinda de “América, primero” en la política comercial.

La llamada Operation Warp Speed (cuyo nombre alude a la fantasía, tomado de la ciencia ficción, de viajar a velocidades superiores a la de la luz) ha sido, hasta para los expertos más críticos con Donald Trump, un acierto de la Administración republicana dentro de una gestión errática de la pandemia. Consistía, básicamente, en entregar más de 10.000 de millones de dólares a un grupo de compañías farmacéuticas para que investigasen y desarrollasen esas vacunas, con colosales preacuerdos de compra sin ninguna garantía de eficacia. Para Amesh Adalja, experto en enfermedades infecciosas de la escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, “ese es probablemente el factor que ha marcado la mayor diferencia entre Estados Unidos y muchos otros países, aunque Reino Unido e Israel estén vacunando más rápido. El Gobierno se aseguró dosis de una vacuna cuando aún no sabían si iban a funcionar y algunas no están aún siquiera aprobadas por la Agencia Estadounidense del Medicamento (FDA, en sus siglas en inglés)”.

En julio, por ejemplo, el Ejecutivo anunció el acuerdo de compra de 100 millones de dosis de la vacuna desarrollada por Pfizer-BioNTech por 1.950 millones de dólares, con la opción de comprar 500 millones más. La de Moderna es la que ha recibido mayor financiación pública. Promovida en colaboración con investigadores del Gobierno, obtuvo nos 955 millones de dólares para su desarrollo y 1.500 millones para la fabricación, distribución y entrega de 100 millones de dosis. (Es en esta en la que Dolly Parton también puso su grano de arena). A Johnson & Johnson la Administración le entregó más de 450 millones para desarrollo y 1.000 millones para producción y distribución, con un pedido de 100 millones de dosis incluido en ese montante. A Astrazeneca y Oxford les inyectaron 1.200 millones para investigación, producción y preorden de 300 millones de dosis. A Sanofi y GSK, 2.000 millones. A Novavax, 1.600 millones. Estas dos últimas están pendientes aún de lograr su primera vacuna en el mercado.

“Todo esto podría haber sido un escándalo si las vacunas no hubiesen funcionado, pero ha salido bien”, apuntó el doctor Wachter.
Fuente: El País

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