En su carta por el XXVIII Día Mundial del Enfermo (que se celebra el 11 de febrero), el pontífice señaló: “Cada intervención de diagnóstico, preventiva, terapéutica, de investigación, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la persona enferma, donde el sustantivo ‘persona’ siempre está antes del adjetivo ‘enferma”.
Y añade: “Por lo tanto, que vuestra acción tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible”.El papa reconoció que los médicos afrontan “la experiencia del límite y del posible fracaso de la ciencia médica frente a casos clínicos cada vez más problemáticos y a diagnósticos infaustos”, pero les indicó que “la vida es sagrada y pertenece a Dios”.
“Por lo tanto, es inviolable y no se puede disponer de ella. La vida debe ser acogida, tutelada, respetada y servida desde que surge hasta que termina: lo requieren simultáneamente tanto la razón como la fe en Dios, creador de la vida”, sostuvo.
Para ello señaló a los médicos que la objeción de conciencia es “una elección necesaria para ser coherentes con este ‘sí’ a la vida y a la persona”.
Fuente: Globovisión/ EFE/ DB














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