— ¿Jugó Bolivia, hermano?, preguntó con el semáforo en rojo un vecino sorprendido por la procesión de autobuses y automóviles que no dejan de llegar.
— No. ¡Vamos a ver a Evo, nuestro presidente!, le contestó con entusiasmo el copiloto de la camioneta.
Se llama Wilfredo Choque. Es albañil. Tiene cinco hijos. Nació en el norte de Potosí, pero desde hace 17 años vive en una barriada de Isidro Casanova, en la periferia sur de la capital argentina. Junto a una docena de amigos más, asistió al Club Deportivo Español, donde Evo Morales se dirigió a sus simpatizantes.
— ¡Esto es una fiesta!, dijo Choque al entrar en el estadio abarrotado donde la música de los bombos de distintas agrupaciones se mezclaba con la del grupo folklórico que sube al escenario y los gritos de alegría de las gradas al recibir chorros de agua que alivian de un calor infernal, así lo reseñó El País.
El acto de este miércoles coincidió con el 14 aniversario de la asunción del líder indígena. Miles de personas, 40.000 según la organización, lo recibieron al grito de "Evo, no estás solo, carajo" cuando subió al escenario.
"Lo que viene es cómo recuperar la democracia. Estoy convencido de que es cuestión de tiempo. Vamos a recuperar la democracia y vamos a volver al gobierno, no con armas como la derecha, no con balas como los racistas-fascistas", aseguró Morales.
"Vamos a volver el 3 de mayo al Gobierno con el voto del pueblo boliviano, pacíficamente, democráticamente", agregó.
En primera fila se escuchaba el candidato presidencial del Movimiento al Socialismo (MAS), Luis Arce, y el exvicepresidente Álvaro García Linera, junto a sindicalistas argentinos. Vítores y aplausos interrumpieron varias veces su discurso, que se extendió a lo largo de más de una hora.
"Bolivia antes de Evo era pobreza. Con él mejoró todo, hizo crecer Bolivia. Ahora podemos ir con nuestros vehículos allá de vacaciones porque las rutas están pavimentadas. Antes era imposible, volvías con el coche roto", cuenta Jimena Vázquez, ama de casa de 29 años, al justificar su respaldo a Morales.
(Lea también: Evo Morales encabeza la campaña electoral del MAS en Buenos Aires)
Ella y sus dos hijas, de cinco y cuatro años, han tomado un tren y dos autobuses para llegar desde Merlo, en la periferia oeste, hasta el acto. Su marido, albañil, se ha quedado trabajando. "Ahorramos la plata que podemos y la mandamos, pero no está fácil", asegura.
La inmigración boliviana ha disminuido en los últimos años por el crecimiento económico del país andino y la nueva crisis económica argentina. "Mis hermanas y algunas amigas se regresaron porque Bolivia estaba mejor que aquí. Nosotros también pensamos en regresar este año, que fue durísimo, pero luego hubo el golpe contra Evo, empezó el quilombo y nos quedamos. Y ahora no sé, tengo mucho miedo", dice angustiada Miguelina Castro.
"Tengo mucho miedo de que no gane las elecciones y que lo destruyan todo", repite al borde de las lágrimas.
Con casi 350.000 residentes censados, Argentina es el país con más bolivianos en el exterior y esta comunidad inmigrante es la segunda más numerosa después de la paraguaya.
Uno de cada cuatro votaron en las elecciones presidenciales del pasado 20 de octubre y dejaron claro que el desgaste de Morales no había cruzado la frontera sur: el 82% de los de los 98.458 residentes que concurrieron a las urnas optó por su reelección. Carlos Mesa quedó lejísimos en segundo lugar, con el 8,7% de los sufragios.
Fuente: Globovisión / El País / Engi Virginia Montilla














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