El caso que estalló en noviembre de 2015 con la detención del dirigente senegalés en París, fue desarrollándose de manera tentacular, sacando a la luz otras polémicas que han dañado la imagen del deporte en el plano internacional, según reseñó AFP.
Desde 2016, Rusia es acusada de dopaje institucional a gran escala y la justicia francesa también tiene sospechas de corrupción en los procesos de atribución de los Juegos Olímpicos de Río-2016 y Tokio-2020.
A los 86 años, el que fuera patrón del atletismo mundial de 1999 a 2015, tiene prohibido abandonar territorio francés y podría ser condenado, en teoría, hasta con 10 años de prisión y una fuerte multa por corrupción activa y pasiva, abuso de confianza y blanqueo en banda organizada.
En el banquillo se sentará también uno de sus antiguos consejeros, el abogado Habib Cissé, y el antiguo responsable del servicio antidopaje de la IAAF, Gabriel Dollé, juzgados por corrupción pasiva.
En cambio, la justicia francesa nunca ha podido echar mano a uno de los principales actores de la trama, el poderoso exconsejero de marketing de la IAAF e hijo de Lamine Diack, Papa Massata, refugiado en Dakar desde el inicio de la investigación.
Otros dos protagonistas del caso no estarán presentes en el juicio: el expresidente de la Federación Rusa de Atletismo, Valentin Balakhnitchev, y el antiguo entrenador nacional de pruebas de fondo, Alexei Melnikov, sospechosos de haber cobrado dinero a siete atletas rusos a cambio de protegerles contra sanciones por dopaje, por una cantidad total de estimada en 3,45 millones de euros.
Fuente: Globovisión | AFP | CA














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