Las manifestaciones contra la desigualdad, modelo económico y la represión comenzaron siendo multitudinarias y prácticamente diarias, el récord lo marcó la marcha del 25 de octubre con más de 1,5 millones de asistentes, pero las convocatorias se han disipado y ya apenas logran juntar a unos miles, según reseña la agencia de noticias EFE.
La última gran concentración, tras varias semanas de relativa calma, tuvo lugar el pasado viernes en Plaza Italia, una plazoleta en el centro de Santiago convertida en epicentro del estallido, a donde acudieron miles de personas para escuchar a míticas bandas de canción protesta en el llamado "Concierto por la Dignidad".
"El Gobierno sigue sin entender lo que demandan los manifestantes, nos da bonos y migajas para amortiguar las protestas", aseguró entonces Francisca Videla, una universitaria de 21 años.
También han perdido fuerza los saqueos, los incendios o las barricadas, que acongojaron durante días a gran parte de la sociedad provocando enormes pérdidas económicas, y los violentos choques entre los manifestantes "de primera línea" y los agentes policiales.
Vaivén de las marchas
"Las movilizaciones por definición tienen subidas y caídas y obviamente es muy difícil mantener la presión continuamente, pero estamos muy lejos de encontrar una salida a la crisis porque es muy difícil dimensionar la profundidad del descontento", explicó Sofía Donoso, investigadora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES).
"Es natural que después de dos meses, con las vacaciones de Navidad y las altas temperaturas del verano las marchas bajen de intensidad, pero eso no significa que se haya vuelto a la supuesta normalidad de antes del 18 de octubre", cuando estalló la crisis, agregó Octavio Avendaño, sociólogo de la Universidad de Chile.
Para el experto, el descontento "se está expresando en formas distintas a las grandes marchas de hace unas semanas, como cabildos o la consulta ciudadana del domingo".
Parches sociales
El Gobierno del presidente Sebastián Piñera anunció un paquete de medidas sociales para tratar de desactivar la crisis, que incluye el aumento gradual de las pensiones más bajas en hasta un 50 % o el incremento del salario mínimo hasta los 350.000 pesos chilenos (cerca de 435 dólares), pero una parte de la sociedad las considera "parches".
"La agenda social que se presentó se basa en pequeños paliativos. El Ejecutivo no ha mostrado intención de hacer reformas profundas del modelo", afirmó Avendaño.
"La solución es complicada porque hay múltiples cabezas y múltiples demandas. Conseguir una salida que deje contentos a todos va a ser muy difícil", indicó por su parte Cristian Parker, sociólogo de la Universidad de Santiago.
Fuente: Globovisión | EFE | CA














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